January 28, 2013
Sueño de una noche lúcida.

Sueño muchísimo, en colores dementes, tengo en los sueños sensaciones que no busco en la realidad. He anotado cientos de sueños a lo largo de los últimos diez años; algunos se repiten de forma compulsiva y me empujan a las mismas horcas caudinas de la vergüenza, la rabia y la soledad. Por supuesto, dicen que el escritor pierde por cada sueño un lector, que los sueños resultan aburridos en una historia, que no son sino un método anticuado de «mise-en-aby-me». Pocas veces, es cierto, resulta un sueño interesante para los otros. Además, los escritores abusan en ocasiones de falsificaciones, construyen sueños del calibre deseado para reflejar y ordenar la realidad difusa de la historia, al igual que, si colocas el capuchón de una pluma estilográfica en medio de un garabato anamorfo, ves reflejada en él la imagen de una mujer desnuda. Puesto que quiero comenzar esta historia con un sueño, intento defenderme en cierto modo de la acusación de pereza e ingenuidad que surgirá de inmediato.

Soy, como ya sabéis, un escritor ocasional. Sólo escribo para vosotros, queridos amigos y para mí. Mi verdadera profesión es aburrida, pero a mí me gusta y conozco muy bien sus trucos. Sin embargo, los trucos de la escritura me dejan frío. Desde hace algo más de un año, desde que asisto a vuestros encuentros dominicales, habría podido aprender muchísimo sobre la técnica a través de la cual se liga una historia. En cualquier caso, sin embargo, me temía que no tendría demasiado que decir. De hecho, hasta la noche en que soñé lo que quiero contaros, estaba convencido de que no había nada en mi vida que mereciera salir a la luz. Así que no pretendo llevar a cabo una «mise-en-abyme», solo quiero comenzar porque estoy convencido de que, tanto en la vida como en la ficción, el comienzo da el tono. Incluso en la locura.

(…)

En fin, hace unos dos meses soñé que estaba encerrado en un frasco, pero en uno que parecía tallado en cristal de roca. Daba vueltas de aquí para allá por aquel frasco en el que, de vez en cuando, centelleaban arcoiris, y contemplaba encantado a través de sus paredes el mundo fluido, tembloroso, del exterior. Un pájara venía aleteando desde las lejanas montañas y, a medida que se acercaba, se ensanchaba al combarse sobre las paredes curvas. Cuando estuvo bien cerca, vi su ojo almendrado, enorme, que crecía como dentro de una lupa y que de repente me abarcó por todas partes.

Me tapé la cara con un sentimiento terrible de vergüenza y de placer. Cuando volví a mirar, observé que en las paredes del frasco -que lanzaban destellos demenciales- habían aparecido los contornos delicados de una puerta.

Me lancé hacia ella espantado ante la idea de que pudiera estar abierta. Pero respiré aliviado: un candado enorme, blando, como de carne, colgaba en la puerta. Por el senderito que descendía desde las lejanas montañas y terminaba ante mi puerta, venía una niña. Parecía obediente y bien educada mientras avanzaba, con unos grandes lazos en las trenzas y la boquita húmeda, hacia la puerta. Las paredes del fraaco se habían vuelto rectas y claras como si fueran de cristal y de repente sentí un miedo irracional, un terror que no he vuelto a experimentar jamás.

La niña había llegado a la puerta y había empezado a golpear con sus puñitos nacarados el grueso cristal. Debido al pánico, me había tirado al suelo y me retorcía, pero no le quitaba ojo. Cuando agarró el candado, sentí que se me abrían las carnes, que me estallaba el corazón. Entonces rompió el candado y, con las manos embadurnadas de sangre, empujó la pesada puerta de cuarzo. Se quedó paralizada ante mí, en el umbral, en una actitud que me resulta imposible describir porque no existen palabras para ello.

Y de repente vi la escena desde un punto situado a espaldas de la niña, mientras me alejaba por el sendero que conducía a las montañas lejanas. Empecé a abarcar con la mirada una superficie cada vez más vasta de las paredes macizas, de vidrio o de hielo o de cristal de frasco, sino un gigantesco castillo, una construcción obtusa, con cornisas y estucados y volutas y gorgonas y claraboyas y balcones y almenas y torreones y canalones de una matería fría y transparente.

Y en el centro de los miles de salones de paredes transparentes me encontraba yo, tirado en el suelo, y la niña en el dintel de la puerta abierta de par en par; a sus espaldas, desde la entrada en el castillo hasta la cámara central, había cientos de puertas abiertas con candados ensangrentados.

Me desperté con una sensación estúpida que me llenó de desazón durante toda la mañana, pero no recordé el sueño hasta después de comer; al principio fueron como unos destellos de pura emoción en el plexo, luego, unas dolorosas secuencias ininteligibles.

Sí, ahora, mientras escribo, me relampaguea la idea de que supe qué gestos hizo y qué palabras pronunció la niña del sueño, pero siento que me resulta imposible concentrarme sobre ellos.

(…)

«El mendébil»

January 28, 2013
La curiosidad.

La curiosidad mató las ganas. Las ganas llegaron de casualidad. La casualidad no existe.
Destrocemos mitos. Gritemos causas.

January 24, 2013
Genio o enamorado pero no genio enamorado.

Puede que me equivoque, pero existe un momento en la vida, sólo un momento, en que somos conscientes de que somos genios o enamorados. La cuestión es sencilla, ridícula. O una cosa u otra, imposible ambas. Y cuando ese momento llega tenemos la vaga certeza de que arrastraremos nuestra carga, sea la que fuere, hasta el final de los días. Yo superé ya el momento. Sé que nunca alcanzaré las cimas de la genialidad y, lo más abrumador, acongojante aún, sé que el momento del amor se escurrió entre mis dedos para siempre. Así, ni tengo nada ni espero nada.

January 22, 2013
1

Quinn había oído hablar anteriormente de casos como el de Peter Stillman. En los tiempos de su otra vida, poco después de que naciera su propio hijo, había hecho la reseña de un libro sobre el niño salvaje de Aveyron y por entonces había investigado algo el tema. Por lo que podía recordar, el primer relato de un experimento semejante aparecía en los escritos de Herodoto: el faraón egipcio Psamtik aisló a dos niños en el siglo vii antes de Cristo y ordenó al criado que estaba a cargo de ellos que nunca pronunciara una palabra en su presencia. Según Herodoto, un cronista notoriamente poco fiable, los niños aprendieron a hablar; la primera palabra que dijeron fue la palabra con que los frigios designaban al pan. En la Edad Media el santo emperador romano Federico II repitió el experimento, confiando en descubrir, mediante la utilización de métodos similares, el verdadero “lenguaje natural” del hombre. Pero los niños murieron antes de haber dicho una palabra. Finalmente, en lo que sin duda era un fraude, a principios del siglo xvi el rey de Escocia, Jacobo IV, afirmó que unos niños escoceses aislados de la misma manera acabaron hablando “muy buen hebreo”.


No obstante, los chiflados y los ideólogos no fueron los únicos interesados en el tema. Incluso un hombre tan cuerdo y escéptico como Montaigne consideró la cuestión cuidadosamente y en su ensayo más importante, la Apología de Raymond Sebond, escribió: “Creo que un niño que hubiese sido criado en completa soledad, lejos de toda asociación (lo cual sería un duro experimento), tendría alguna clase de lenguaje para expresar sus ideas. Y no es creíble que la Naturaleza nos haya negado este recurso que ha concedido a muchos otros animales… Pero todavía está por saberse qué lenguaje hablaría este niño; y lo que se ha conjeturado acerca del asunto no tiene mucha apariencia de verdad.”


Además de tales experimentos, estaban también los casos de aislamientos accidentales —niños perdidos en el bosque, marineros abandonados en islas desiertas, niños criados por lobos—, así como los casos de padres crueles y sádicos que encerraban a sus hijos, los encadenaban a la cama, los golpeaban dentro de un armario, los torturaban sin otra razón que las convulsiones de su propia locura, y Quinn había leído toda la extensa literatura dedicada a estas historias. Estaba la del marinero escocés Alexander Selkirk (considerado por algunos el modelo de Robinson Crusoe) que había vivido durante cuatro años en una isla frente a la costa de Chile y que, según el capitán del barco que le rescató en 1708, “había olvidado su idioma por falta de uso, hasta tal punto que apenas podíamos entenderle”. Menos de veinte años antes, Peter de Hanover, un niño salvaje de unos catorce años, que había sido descubierto mudo y desnudo en un bosque cerca de la ciudad alemana de Hamelin, fue llevado a la corte inglesa bajo la especial protección de Jorge I. Tanto Swift como Defoe tuvieron la oportunidad de verle y la experiencia inspiró el panfleto de Defoe Mera naturaleza bosquejada, publicado en 1726. Peter nunca aprendió a hablar, sin embargo, y varios meses después fue enviado al campo, donde vivió hasta los setenta años, sin mostrar ningún interés por el sexo, el dinero u otros asuntos mundanos. También estaba el caso de Victor, el niño salvaje de Aveyron, que fue encontrado en 1800. Bajo los pacientes y meticulosos cuidados del doctor Itard, Victor aprendió los rudimentos del habla, pero nunca progresó más allá del nivel de un niño pequeño. Aún más conocido que Victor fue Kaspar Hauser, que apareció una tarde de 1828 en Nuremberg, vestido con un estrafalario traje y casi incapaz de emitir un sonido inteligible. Podía escribir su nombre, pero en todos los demás aspectos se comportaba como un niño pequeño. Adoptado por la ciudad y confiado a los cuidados de un maestro local, se pasaba los días sentado en el suelo jugando con caballos de juguete y solamente comía pan y agua. No obstante, Kaspar evolucionó. Se convirtió en un excelente jinete, se volvió obsesivamente limpio, tenía pasión por los colores rojo y blanco y, según el decir general, demostraba una extraordinaria memoria, especialmente para los nombres y las caras. Sin embargo, prefería permanecer en lugares interiores, rehuía la luz intensa y, como Peter de Hanover, nunca mostró el menor interés por el sexo o el dinero. Cuando recobró gradualmente la memoria, pudo recordar que había pasado muchos años en el suelo de una habitación oscura, alimentado por un hombre que no le hablaba nunca ni se dejaba ver. Poco después de estas revelaciones, Kaspar fue asesinado con una daga por un hombre desconocido en un parque público


“Ciudad de Cristal”

December 22, 2012
Sábado

Pero el sábado es distinto. Viene
de muy lejos, con sol a las espaldas
y extrañas músicas entre los dientes
endurecidos de la madrugada.

Todos le miran y él sonríe. Pisa
la tierra y la acaricia; el eco alarga
la estela de su paso, tal un barco
abriéndose caminos en el agua.

Es como un muchacho, con las manos
metidas en los chorros de la mañana,
que abre los ojos de cristal y asombro
al vuelo de la luz desazulada.

El sábado es distinto, sí. De pronto,
el aire se hace mármol en la escarcha
del alto cielo, y una voz se enciende
poderosa, como una gran campana.

Todo parece nuevo, repentino,
¡hasta aquella alegría de las almas
que nadie sabe quién echó en la hondo
del charco amargo de las lágrimas!…

No es como los demás días. Trae al menos
algo que el hombre ha perseguido siempre,
sin mirar a los cielos, apretándose
el corazón con esperanzas:

Unas monedas y el silencio,
cuando la tarde pliega sus banderas.
Todo el amor, de pronto, rescatado
al yunque ya las nieblas.

Y una música antigua y un camino
para perderse.

                       (La felicidad
necesita tan sólo unas monedas
y un camino de amor.)

Todo humilde y sencillo en este día
en que la piel del aire se descorre
y queda un mundo puro, en carne viva,
como un tierno cordero milagroso.

La casa se abre a su llegada.

                                       El hombre
busca a la amada entre la sombra y, juntos,
entre besos, aprietan las monedas
de su felicidad de cada día.

December 12, 2012

Du bi dú. Estoy algo cansado. Mejor no decir nada. Camino de la cama es el mejor camino.

La naranja mecánica.

Du bi dú. Estoy algo cansado. Mejor no decir nada. Camino de la cama es el mejor camino.

La naranja mecánica.

December 12, 2012

Sentí que algo conocido se había metido dentro de lo desconocido, había llegado al fin de algún sitio. Tuve un pálpito, fue el primero de muchos.

Los amantes del circulo polar.

Sentí que algo conocido se había metido dentro de lo desconocido, había llegado al fin de algún sitio. Tuve un pálpito, fue el primero de muchos.

Los amantes del circulo polar.

November 18, 2012
Y asi

¿De que hablar cuando las palabras no alcanzan? Una cuestión que lleva dando quebraderos de cabeza a mujeres y hombres desde hace siglos.

Normalmente solemos pensar que cuando no podemos decir algo con palabras es porque es demasiado “bonito” o “cruel” pero ¿Qué es bonito? ¿Qué es cruel? A lo mejor y sin ese a lo mejor es que el ser humano es cobarde por naturaleza y no se atreve a hablar de lo que siente por miedo a ser juzgado, a ser herido, a ser utilizado. Y a medida que vamos ganando años, lo vamos viendo crecer.

A veces nos damos cuenta de que no somos más que hojas volando en una ciclogenesis explosiva constante. 

Insignificantes, sin fuerzas, sin peso. 

October 3, 2012
Confesiones de un alcohólico en un hostal de Madrid.

Esta la historia de un hombre harto de vivir su antigua vida y decidió vivir en la fantasía de un alcohólico.

Ese hombre dejó atrás todo lo que algún día creyó conocer, lo que creyó querer y lo que creyó disfrutar. Decidió mudarse a dónde creía que merecía vivir, y a la ciudad dónde pensaba que debía estar. Se mudó a un hostal céntrico  rodeado de gente pero en soledad. Su habitación era cochambrosa, nauseabunda, putrefacta e insalubre pero era su espacio, por primera vez tenía un espacio dónde ser feliz. 

¿Por qué era feliz? Porque vivía en silencio, reía en silencio, lloraba en silencio, hablaba en silencio y bebía en silencio.

No siempre todo era silencio, de vez en cuando tenía la compañía de los gemidos y discusiones de las putas que a cambio de 10 € le habían ofrecido mamadas el primer día de su llegada. Ese hombre las había rechazado, no porque no fuesen atractivas o no tuviese dinero, simplemente porque en aquel momento lo único que quería y buscaba era fustigarse y autoflagelarse, necesitaba descender a los infiernos, a sus infiernos para conocerse, encontrarse y poder renacer como el fénix.

Ese hombre, en su soledad, tenía una fiel compañera, una amiga que siempre lo ayudaba en los peores momentos dándole su apoyo incondicional e impasible pero también lo acompañaba en sus mejores momentos, alegrándose de su temporal felicidad como hacen los verdaderos amigos. Esa amiga le acompañaba en las noches frías, dándole calor, tapándolo cuando caía inconsciente para que el frío no hiciese mella en su debilitado cuerpo. Esa amiga le besaba en la mejilla y le decía que nada pasaba mientras es hombre se rompía entre lágrimas en esa soledad. 

Esa compañera, esa amiga, era rubia. Tiene muchos nombres pero para él, era su amiga. Y así la llamaba. Siempre con él, y a la vez nunca.

Tras unas horas, días, semanas, el tiempo no transcurría de la misma forma en esa habitación cochambrosa, nauseabunda, putrefacta e insalubre, ese hombre se encontró y resurgió de sus cenizas. Ese hombre y su compañera hicieron un pacto, se verían todos los días, no una vez, varias pero nunca acabarían entre sábanas, al fin y al cabo, eran amigos y lo respetaban, nada más.

Ese hombre mientras escribe estas líneas, no está en soledad, se encuentra con ella, con su amiga e inseparable compañera.

Ese hombre, soy yo.

Buenas noches.

September 15, 2012
Palabras y películas.

La música es uno de los elementos más importantes de una película, como también lo es el silencio.

S.K/1960 a Charles Reynolds

En mi opinión, la novela perfecta para adaptar al cine no es la de acción sino, al contrario, la que se centra en la vida interior de sus personajes. Con una novela de estas características el adaptador no pierde en ningún momento el compás de lo que piensa o siente un personaje en un momento dado de la historia. Y, a partir de aquí, puede inventar la acción, que será correlativa al contenido psicológico del libro, y adaptarla fielmente de una forma implícita, natural, sin que los actores tengan que recurrir a grandes declaraciones sobre el significado de sus gestos.

Cuando una película o una obra literaria intentan decir algo realmente verdadero sobre la vida, deben hacerlo indirectamente, para evitar las conclusiones fáciles y las ideas preconcebidas. Su punto de vista debe estar completamente vinculado a un sentido de la vida tal como es, y tiene que hacerse entender a través de una inyección sutil en la conciencia del público. Las ideas válidas y auténticas son tan polifacéticas que no provocan el ataque frontal. El público tiene que descubrir las ideas, y su emoción por descubrirlas hace que estas ideas sean aún más poderosas. Las ideas deben reforzarse a través de la sorpresa y el afán de descubrimiento del público, en lugar de utilizar artificialmente determinados puntos de la trama, falsos dramas o falsas dinámicas teatrales.

Suele decirse que una gran novela es menos prometedora para el cine que una novela sencillamente buena. No creo que la adaptación de una gran novela presente dificultades distintas a la de una novela buena o mediocre, con la salvedad de que las críticas siempre serán duras si la película es mala, incluso si es buena. Creo que toda novela puede adaptarse con éxito, exceptuando las obras cuya integridad estética puede quedar comprometida por la extensión. Por ejemplo, aquellas novelas en las que la acción continua y variada es un componente esencial de la historia, de manera que pierde mucho de su esencia cuando se eliminan determinados fragmentos.

¿Cómo es posible adaptar Lolita al cine cuando la calidad del libro se debe en gran parte al estilo de la prosa de Nabokov?

La consideración de la prosa como algo más que un componente adicional de un gran libro significa que no se entiende en qué consiste realmente un gran libro. No cabe duda de que la calidad de la escritura es uno de los elementos que convierten una novela en excepcional, pero esta calidad es el resultado de la obsesión del escritor por una temática y un concepto, una visión de la vida y una comprensión del carácter. El artista utiliza el estilo para fascinar al espectador y transmitirle sus sentimientos, sus emociones y sus pensamientos. Es esto lo que tiene que adaptarse al estilo. La adaptación tiene que encontrar un estilo propio, algo que se consigue cuando se alcanza la comprensión del contenido. Y, al hacerlo, brotará una parate de la estructura que se ha perdido en la novela. Puede que sea tan buena como la novela o no, pero a veces puede llegar a ser incluso mejor en algunos aspectos.

Muy raramente, en este punto también interviene la interpretación de los actores. En el mejor de los casos, el drama realista consiste en una progresión de estados de ánimo y sentimientos que ejercen un efecto sobre los del público y transforman el significado del autor en una experiencia emocional. Esto significa que el autor no debe pensar en el papel y la tinta como herramienta de escritura, sino que trabaja con carne y sentimientos. Y, en este sentido, creo que muy pocos escritores parecen entender lo que un actor puede comunicar emocionalmente y lo que no. A menudo, en algún punto, el escritor espera que una mirada en silencio exprese algo que sería una especie de jeroglífico si se explicara, y al cabo de un momento el actor tiene que soltar una parrafada para expresar algo que resulta bastante obvio por la situación y para lo que bastaría con una breve mirada. Los escritores suelen abordar la creación dramática centrándose en exceso en las palabras, sin darse cuenta de que la mayor fuerza que poseen son los estados de ánimo y los sentimientos que pueden provocar en el espectador a través del actor. Suelen aceptar al actor a regañadientes, y creen que probablemente arruinará lo que ellos han escrito en lugar de verle como un medio de expresión de su escritura.

En este punto, cabe preguntarse si la dirección es una continuación de la escritura. En mi opinión, la tarea de un director reside precisamente en esto, lo que nos lleva a afirmar que un escritor-director es el instrumento dramático perfecto, y los pocos ejemplos en los que estas dos técnicas han convergido en una misma persona han creado las obras más coherentes que existen.

Cuando el director no es su propio autor, creo que su deber es mantenerse absolutamente fiel al autor y no sacrificar ninguna de sus intenciones en pos del clímax o el efecto. Aunque parece algo obvio, ¿cuántas obras de teatro o películas hemos visto en las que la experiencia resulta emocionante e impresionante pero, al terminar, nos damos cuenta de que el fondo es más pobre que la forma?. Este suele ser el resultado de la estimulación artificial de los sentidos mediante la técnica que se muestra indiferente al diseño interno de la obra original. En estos casos sale a relucir la peor parte del culto de director.

No hay nada más estimulante que participar en el proceso de crecimiento de una película a través de la colaboración vital entre el guionista, el director y los intérpretes. Toda manifestación artística bien ejecutada implica una lucha constante entre concepción y ejecución, y la intención original se modifica constantemente hasta alcanzar la objetividad. En la pintura, este proceso se da entre el artista y el lienzo.

En el cine, se da entre la gente.

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